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Francisco Carantoña Álvarez

ImagenCon el conflicto de Ucrania parece haber revivido la retórica de la guerra fría. EEUU y la inmensa mayoría de los medios de comunicación europeos y norteamericanos, casi convertidos en un unánime aparato de propaganda, han definido pronto a los bandos enfrentados: los buenos, los ucranianos demócratas, proeuropeos y pacifistas; y los malos, los rusos, herederos de Iván el Terrible, Pedro el Grande y Stalin, imperialistas por tradición y genéticamente autoritarios. Poco importa que, al menos, el 30% de la población tenga el ruso como lengua materna, que los rusoparlantes sean mayoritarios en varias regiones del este y el sur y que Yanukóvich hubiese ganado unas elecciones limpias en 2010, que lo llevaron a la presidencia y mostraron un país dividido prácticamente al 50% entre los partidarios de una mayor vinculación con la Europa occidental y quienes prefieren una relación más estrecha con Rusia.

Yanukóvich era un gobernante corrupto, pero elegido democráticamente, que gobernaba en un sistema constitucional y fue derrocado por una revuelta en la capital del país sin esperar a las elecciones previstas para el año próximo. No voy a discutir el derecho de los ciudadanos a derribar gobiernos deshonestos mediante manifestaciones callejeras, pero me temo que, curiosamente, los principales defensores políticos y mediáticos de la revuelta de Maidán pondrían el grito en el cielo si alguien pretendiese convertirlo en universal. Basta con releer en los periódicos españoles lo que se dijo y escribió sobre la ocupación de la Puerta del Sol.

De todas formas, el problema mayor de la crisis ucraniana no estriba en que un gobierno constitucional haya caído como consecuencia de protestas populares, sino en que se circunscribieron a la zona occidental del país, prácticamente a Kiev, mientras que el este las veía con recelo. Los errores del gobierno provisional, que quitó el carácter de lengua oficial al ruso e integró en su seno a miembros de la extrema derecha xenófoba, agravaron la situación. También la posibilidad de que las nuevas autoridades nacionalistas pretendiesen revisar el acuerdo con Rusia sobre las bases de Crimea, renovado por Yanukóvich en 2010. El resultado fue la recuperación de Crimea por Rusia, con el apoyo de la inmensa mayoría de la población de la península, y el agravamiento de la sublevación en el este del país.

La masacre de Odessa deja en evidencia los argumentos maniqueos, también la ofensiva del ejército y las milicias ultraderechistas contra las zonas donde proliferan las protestas. ¿Los manifestantes que ocupaban la plaza de Maidán eran unos héroes y los que hacen lo mismo en las de Sloviansk, Kramatorsk o Donetsk son criminales terroristas?

No se trata de invertir el papel de buenos y de malos. El problema es que ha estallado un conflicto civil, alimentado por los errores de unos y otros, en el que se mezclan actuaciones interesadas no solo de una Rusia que quiere corregir las perdidas territoriales derivadas de la forma en que se disolvió la URSS, sino también de EEUU, donde hay poderosos intereses que desean reavivar la carrera de armamentos y que, gracias al fracking, es ya un país exportador de gas licuado y puede hacer pronto lo mismo con el petróleo.

Una guerra civil en Ucrania tendría consecuencias desastrosas para Europa, probablemente una nueva recesión económica, y para el mundo, no solo para los ucranianos. Aún se está a tiempo de evitarla. El fin de las operaciones militares, el aplazamiento de unas elecciones que ahora no pueden realizarse con garantías y un compromiso serio entre el gobierno de Kiev, los dirigentes de las provincias rebeldes –que deberían estar representados en él–, EEUU, la UE y Rusia, podrían crear el clima necesario para un proceso constituyente que desembocase en una Ucrania democrática y federal en la que pudiesen convivir dos culturas que, por otra parte, son muy próximas y lo han hecho ya durante siglos.

En cualquier caso, el maniqueísmo solo alimenta la confrontación y probablemente oculta los intereses de unos pocos, que pueden costarnos mucho a la mayoría. Sería razonable que los políticos y medios de comunicación europeos y norteamericanos hiciesen un esfuerzo por analizar la situación sin los esquemas de la guerra fría. ¿O será que no interesa?

Artículo original en: http://www.asturias24.es/ideas/francisco-carantona-alvarez/posts/una-alarmante-historia-de-buenos-y-malos

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