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[Tribuna del Diario de León publicada a 31 de agosto de 2016 ]
http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/ni-nis-politicas-juventud_1095611.html

Los datos de agosto de Eurostat, la oficina estadística comunitaria, ponen de relieve que somos el tercer país de la UE donde más ha aumentado el número de jóvenes que ni estudia ni trabaja en la última década. España, según la OCDE, tiene un 22,2 % de jóvenes que ni estudian ni trabajan, es decir, una de cada cinco personas jóvenes de entre 20 y 24 años.

A este “fenómeno” se le ha puesto una etiqueta: “nini”. Una calificación que tiende a desvalorizar una situación social, pero sobre todo convierte a quienes la sufren en los responsables de su situación, soslayando y evitando así la responsabilidad política y social.

La situación de la juventud depende de las condiciones materiales, educacionales, de vivienda, de salud, formación y bienestar, proyectos, participación y oportunidades que la sociedad ofrecen a las personas jóvenes y de cuáles han sido esas mismas condiciones en la etapa anterior, en la infancia. Ya que las condiciones sociales de la infancia marcan las oportunidades en la etapa de juventud.

Esta denominación, Ni–Ni, categoriza, pero no explica. Habla de síntomas, pero no de causas. No menciona la falta de empleo, los trabajos precarios que no les permiten ser autosuficientes, o la falta de políticas educativas y sociales que superen la inequidad social y que no les permiten una igualdad de posibilidades real.

Hay dos formas de enfocar esta situación. Considerar a la juventud como el futuro social y por ello plantear políticas públicas que favorezcan su desarrollo; o bien, defender que los jóvenes son responsables de sus circunstancias y de las condiciones que sufren, lo que favorece la conclusión contraria. En este caso no es necesario tomar ninguna medida social o política.

Esta segunda visión sobre los “nini” suele acompañarse en los medios de imágenes visuales de jóvenes sentados en las aceras, de fiesta, etc. Se refuerza así, de manera inconsciente, en el imaginario colectivo, una visión negativa, anclada en lo emocional, que tiene más fuerza que el análisis racional, en la que se genera un estereotipo parcial y sesgado de que en realidad estos jóvenes “ninis” no tienen interés y que, en definitiva, son los culpables de su propia situación.

¿Realmente los jóvenes tienen apatía? Quizá no sea apatía y sea, más bien, desesperanza, sabiendo que el 42% de ellos y ellas no encontrará trabajo en el primer año de búsqueda, y que casi la mitad, un 49,6 %, acabará en las filas del desempleo. Viendo, mientras tanto, que el FMI califica a España como la 14 economía mundial y que cierra el ejercicio 2014, en plena crisis, como la cuarta potencia en reparto de dividendos, hasta los 27.350 millones de euros.

Lo que muchos empiezan a preguntarse es qué políticas se están haciendo que permiten que el 28,8% de las personas menores de 16 años en España, según los datos oficiales del INE en mayo de 2016, están en riesgo de pobreza, mientras la riqueza y recursos de este país no sirven para crear trabajo y oportunidades a nuestras generaciones jóvenes. ¿Al servicio de quién se está gobernando y se está gestionando la economía?

Cualquier persona que tenga responsabilidad política sabe que éste no es un simple problema de “ellos, de los jóvenes”. Es un problema y una responsabilidad nuestra, porque es el futuro de las siguientes generaciones. Que nos implica a todos y todas. Urgen respuestas. Nos estamos jugando nuestro presente y nuestro futuro.

Es decir, vamos a tener que empezar a cambiar esa cantinela de “ni estudian ni trabajan”, y, en vez de poner el acento en “ellos”, poner el acento en las políticas públicas: educativas, culturales, sociales, laborales, de tiempo libre y  también en quienes las dirigen y establecen y empezar a preguntarles que están haciendo para corregir esto.

Hay que cambiar estas políticas que, mientras rescatan con el dinero público bancos y autopistas de peaje, recortan más de 8.000 millones de euros en educación. Por eso hay 24.000 personas jóvenes que se han quedado sin beca erasmus, o cada vez más jóvenes están hipotecados incluso antes de empezar a trabajar porque con la subida de tasas se han visto obligados a pedir un préstamo para estudiar y ahora están en paro y con deudas.

Necesitamos políticas públicas para resolver esta situación. Pero no podremos hacerlas si consentimos que sigan vaciando las arcas públicas, paso a paso, a base de instaurar políticas económicas a favor de las minorías pudientes. ¿Cómo van a tener esperanza los jóvenes que ven que las empresas del Ibex 35 pagan menos en impuestos que en dividendos a los accionistas? O que hasta 17 de las 35 empresas del Ibex 35 no paga por el impuesto de sociedades en España, mientras sus familias que han cotizado toda la vida ven peligrar las pensiones porque el gobierno las está dilapidando. O impulsando legislaciones que permiten que mientras la inversión en la economía real en la UE caía un 15% en 2015, la inversión en paraísos fiscales crecía un 2.000%, como ha denunciado Oxfam.

¿Y desde dónde es necesario intervenir? Pues desde las instituciones más cercanas a la ciudadanía para responder a las situaciones cotidianas. Desde las políticas municipales en coordinación con las autonómicas y las nacionales. Pero el actual gobierno ha ido aprobando legislaciones que alejan la toma de decisiones políticas al vaciar de competencias a las instituciones municipales. Tener competencia es tener responsabilidad, ejercerla y dar cuenta de ello, pero si esta competencia está alejada de la ciudadanía, la responsabilidad se diluye.

Pero es de escándalo que las políticas más cercanas en nuestra provincia consistan en un reparto de 90.000 € para 110 Ayuntamientos. Ni siquiera mil euros por municipio de media para desarrollar “políticas de juventud”. Esto es política de imagen, que solo sirve para titulares en la prensa pero que no tapa la sangría existente de pérdida de población joven y falta de empleo en la provincia.

Porque en la Comunidad de Castilla y León la tasa de inactividad entre la población joven de menos de 30 años es del 46,1%, la quinta tasa de inactividad más alta de España. El 52,0% de los jóvenes lleva más de doce meses en búsqueda de empleo sin éxito. Y uno de cada cuatro de los jóvenes de 16 a 29 años de la comunidad está en riesgo de exclusión social. No es de extrañar entonces que la población joven esté abandonando nuestra región.

Está claro, por tanto, que las “políticas de imagen” en la Comunidad de CyL, de cara a la juventud, no están funcionando. Que son necesarias otras políticas de juventud a todos los niveles. Que son necesarias otras políticas fiscales y otras normativas en vez de leyes de “racionalización y sostenibilidad de la administración local”, que eliminan competencias, recortan presupuesto a las administraciones locales y alejan la responsabilidad pública, actuando en sentido contrario a las políticas que necesitamos.

SAN ANDRÉS DEL RABANEDO / POLÍTICA / ELECCIONES MUNICIPALES / CANDIDATURAS / CANDIDATOS  / ELOÍNA TERRÓN BAÑUELOS

ELOÍNA TERRÓN BAÑUELOS, PORTAVOZ DE IU EN EL AYUNTAMIENTO DE SAN ANDRÉS DEL RABANEDO

 

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